http://hombres-de-texas13primeraparte.blogspot.mx/
PASENSE Y LEAN Y COMENTEN :D
Un Hombre Muy Especial- 12 (ADAPTADA-TERMINADA)
jueves, 28 de julio de 2016
lunes, 25 de julio de 2016
8 9 y 10 FINAL
Capítulo
Ocho
Tom
levantó la cabeza y se quedó helado mientras Jane se apartaba de él,
ruborizada.
-Lo
siento -murmuró Cherry, sonriendo-. Estaba buscando a Meg. No dejéis que os
interrumpa. Continuad.
Miró
hacia la cocina y cerró la puerta de inmediato.
-Lo
siento -dijo Tom con frialdad, apartándose el pelo de la frente-. Ha sido
algo
bastante estúpido.
Jane
no sabía qué quería decir con aquel calificativo, pero no comentó nada. Se apartó
de él y se sentó. Le dolía la espalda por el esfuerzo. Tom dudó unos segundos, pero
no pudo pensar en nada que pudiera justificar su comportamiento.
-Perdóname
-dijo, tomando los documentos de la mesa-. Tengo que seguir
trabajando.
La
dejó sentada allí, sin mirar atrás. Cherry apareció pocos minutos más tarde, y al
ver que Jane estaba sola hizo un gesto de extrañeza.
-No
quería interrumpiros -dijo la joven-. No esperaba... Nunca había visto que mi padre
besara a nadie de ese modo. ¡Ni siquiera a mi madre cuando era pequeña!
Jane
se ruborizó.
-Ha
sido un error.
-Un
error, vaya -rió, con el rostro iluminado-. ¿Te gusta?
-No
empieces a soñar pensando que tu padre y yo vamos a mantener una relación-dijo
en tono sombrío-. No tenemos ningún futuro. No quiere casarse, y yo no quiero nada
más.
-Oh.
El
rostro de Cherry se ensombreció.
-Aún
sigues siendo mi amiga, Cherry -le aseguró con una sonrisa-. ¿De acuerdo?
Cherry
sonrió tras unos segundos de confusión.
-De
acuerdo.
Jane
fue a Victoria con Copper y pasó la mayor parte del día posando para varios artículos
de Slim Togs. El fotógrafo era encantador, amable y muy considerado con el problema
de su espalda, que le dolía más que de costumbre a causa del ardor que Tom había
demostrado la noche anterior. Pero obviamente no se lo mencionó a nadie. De todas
formas, carecía de importancia.
-Creo
que ya basta -dijo Micki unos minutos más tarde, después de haber
hablado
con el fotógrafo-. Jack dice que ya ha conseguido lo que quería, de modo que haremos
una selección y nos pondremos en contacto contigo. Habrá que hacer un par de
apariciones promocionales, en el rodeo y tal vez en la apertura de alguna de nuestras
tiendas. Ya te avisaremos.
-Ha
sido muy divertido -admitió-. Y me encanta la ropa.
-Tú
también nos gustas mucho - dijo Micki con una sonrisa abierta-. Eres muy buena
posando. Por cierto, Tom no ha venido contigo, ¿verdad?
Ella
negó con la cabeza.
-Está
demasiado ocupado con los proyectos del rancho. Mis hombres trabajan
con
él, no conmigo. Va a resultarme difícil recobrar el control de las cosas cuando
se marche.
-¿Se
marcha?
-Aún
no, o al menos no lo creo -contestó.
Odiaba
tener que contestar a sus preguntas, pero no podía negarse, por temor a revelar
lo que sentía.
-Es
muy atractivo -dijo Micki, sonriendo con cierta tristeza-. Estoy segura de
que
tendrá muchas novias.
-No
lo dudo. Hasta le envían faxes.
Micki
rió.
-Bueno,
eso me deja fuera de juego, supongo. Tú tampoco intentas nada con él, ¿verdad?
-preguntó con curiosidad.
-No.
Además, no creo que pudiera.
-Qué
suerte tenemos, ¿no es cierto? Un hombre magnífico como él no aparece
todos
los días, pero siempre hay una mujer de por medio -declaró, haciendo un gesto negativo
con la cabeza-. Creo que estoy destinada a ser una solterona.
-El
matrimonio no lo es todo. Siempre podrías llegar a jefa de tu empresa.
-Todo
es posible. Pero en el fondo sueño con estar con un hombre arrebatador al que
pueda planchar las camisas y con el que pueda tener niños. Una pena, ¿no te parece?
Pero no se lo digas a nadie.
-Vaya,
así que estamos ante una verdadera ama de casa.
Micki
rió.
-Me
encanta lo que hago, y gano mucho dinero. No me quejo. Pero no me gusta vivir
sola.
-¿A
quién le gusta?- preguntó-. Sin embargo, en ocasiones no se puede elegir.
-Eso
dicen. En fin, nos pondremos en contacto pronto. Que tengas un buen viaje de
vuelta.
-Gracias.
Jane
bajó las escalaras y telefoneó al hospital. Copper apareció en poco tiempo a recogerla,
pero en lugar de dirigirse de vuelta al rancho la llevó al mejor restaurante de
la ciudad para invitarla a cenar.
-No
estoy vestida apropiadamente -se quejó ella.
Hizo
un gesto hacia la camisa que llevaba, a juego con su falda.
-Ni
yo. Que nos miren si quieren, ¿no te parece?
Coltrain
llevaba una chaqueta deportiva y una camiseta con pantalones vaqueros.
Ella
rió.
-De
acuerdo. Me encantará cenar contigo, si no te importa nuestra ropa.
-Nunca
me ha importado.
La
llevó al interior del impresionante restaurante donde pidieron la cena,
consistente
en pécoras, filetes y ensalada, además de un postre de helado con
chocolate
que tomaron al final.
-He
soñado con este postre durante años -murmuró ella mientras regresaban a casa.
-Y
yo.
Jane
lo miró. Cuando conducía nunca apartaba la mirada de la carretera, y
probablemente
se comportaba del mismo modo cuando operaba. Estaba especializado en pulmón, y
era un cirujano de cierta fama. De forma ocasional lo llamaban para que interviniera
en una operación en los hospitales de las grandes ciudades, pero durante los
últimos años había preferido quedarse cerca de casa. En muchos aspectos era un
hombre
misterioso. Un enigma.
-¿Quieres
tener niños? -preguntó de repente.
Coltrain
rió.
-Claro.
¿Te estás ofreciendo?
-No
seas tonto -contestó, ruborizándose.
La
miró durante unos segundos y dijo:
-Dilo.
Estoy dispuesto a hacerlo si tú también lo estás. Me gustan los niños y no tengo
nada en contra del matrimonio. Tenemos muchas más cosas en común que buena parte
de la gente.
-Es
cierto, pero nos falta algo.
Él
sonrió.
-Creo
saber a qué te refieres.
-Bueno,
tenemos dos de las tres cosas que hacen falta. No está mal.
-No,
pero no podría vivir con una mujer que no me desea, Jane. Sería imposible.
-Lo
sé -dijo, colocando una cariñosa mano sobre la mano que tenía en la palanca de
cambios-. Lo siento. Me habría gustado ser capaz de sentir lo que debería
sentir.
Sus
dedos se contrajeron.
-Sientes
lo que deberías sentir, pero por Kaulitz, no por mí.
No
lo negó. Apoyó la cabeza en el respaldo.
-Quiere
tener una aventura conmigo y regresar después a Victoria.
-¿Y
qué es lo que quieres tú?
-Casarme,
tener hijos. Y vivir juntos para siempre.
-Puede
que si accedes a tener una aventura después quiera quedarse contigo.
-Sí,
y puede que se canse de mí.
-En
la vida no hay garantías de nada -dijo con suavidad, mirando su rostro
triste-.
Por ejemplo, tú tienes un largo historial de migrañas. Te recomendaría que usaras
la píldora, pero creo que existen métodos mucho más sanos.
-¡Copper!
Él
levantó una mano, defendiéndose.
-Crece
de una vez. No siempre conseguimos todo lo que queremos, pero eso no quiere
decir que no podamos divertirnos un poco. Al menos tendrás unos cuantos recuerdos
dulces.
-Me
sorprendes.
-No,
no te sorprendo -dijo, mirándola-. Y yo no me sorprendería ni me sentiría decepcionado
por el simple hecho de que te comportases como cualquier ser humano. El sexo es
algo natural, una hermosa parte de la vida. Es bastante extraño que dos personas
se amen tanto como para disfrutar plenamente de lo que ofrece. Puede que Kaulitz
no quiera casarse contigo, cariño, pero te quiere.
-¿Cómo?
-Creo
que tú también lo sabes en el fondo. A los ojos de otro hombre, resulta
fácil
adivinar lo que siente. Tuvo celos de mí en cuanto me vio.
-Podrían
ser celos sexuales.
-Podrían
ser, pero no lo eran. Se comporta de manera demasiado protectora
contigo
-declaró, dándole un golpecito sobre la mano-. Está divorciado, ¿no es así? Probablemente
tiene miedo de cometer otro error, pero si le importas lo suficiente al final
dará su brazo a torcer. ¿No te parece que merece la pena luchar por ello?
-Luchar
por ello -repitió-. No puedo. No puedo. Lucharía si estuviéramos casados.
-Mira,
desde mi punto de vista el matrimonio no es importante. 0 en todo caso, es una
cuestión de tiempo. Te ama y tú lo amas a él. En mi opinión, es un hombre bastante
convencional. Y hasta tiene una hija en la que pensar.
-Dice
que no volverá a casarse nunca.
-Ya,
y el presidente dice que no subirá los impuestos.
Jane
lo miró y no pudo evitar soltar una carcajada.
-No
es necesario que pongas en peligro tus principios -continuó él-, pero puedes mantener
su interés sin tener que despojarte de tu ropa ante él.
-Supongo
que sí.
-Bueno,
y ahora cuéntame algo sobre esa promoción que vas a hacer.
Jane
lo hizo, contenta de poder dejar la complicada conversación sobre Tom
Kaulitz.
Cuando llegaron al rancho ya había anochecido, y Tom se encontraba en la casa con
Meg, paseando.
En
cuanto subió las escaleras del porche, después de dar las gracias a Copper y de
despedirse de él, Tom caminó a su encuentro.
-¿Dónde
has estado? -preguntó.
Ella
arqueó ambas cejas.
-Comiendo
nécoras y un buen filete.
-¿Y
luego? -preguntó enfadado.
-Luego
nos quedamos en el asiento trasero del coche e hicimos el amor tan
violentamente
que las cuatro ruedas se pincharon -bromeó en un susurro.
Tom
la miró durante unos segundos y rió de repente.
-¡Maldita
seas!
Jane
se acercó un poco a él y colocó ambas manos sobre su pecho.
-No
podría hacer el amor con nadie que no fueras tú -dijo, dispuesta a decirle la verdad
en lo sucesivo-. Te amo.
Su
corazón empezó a latir más deprisa. Era la pura imagen de la feminidad, y la visión
de su largo pelo hizo que sintiera una punzada en el pecho, tal y como había sentido
la noche que compartieron juntos. Levantó una mano y acarició su mejilla.
-Yo
también te amo -dijo de forma inesperada. Suspiró y ella se quedó quieta,
sorprendida.
-Te
amo desde la noche que hicimos el amor -continuó, mientras besaba sus ojos cerrados-.
Las personas no pueden llegar a determinadas cumbres a no ser que se amen
profundamente, ¿no lo sabías?
-No
-murmuró.
Aquella
revelación la había dejado atónita. Su boca acarició sus suaves labios.
-¿No
cambiarás de opinión? -preguntó con voz seductora.
Ella
apretó los puños sobre su camisa.
-Copper
no quiere que tome la píldora a causa de mi historial de jaquecas.
Tom
se quedó helado.
-¿Estas
hablado con ese vaquero sobre la píldora?
-No,
fue él quien habló conmigo. Sabe que te amo.
Tom
no supo cómo tomárselo. Durante un instante sintió que su irritación iba creciendo,
pero en seguida desapareció, dando paso a una comprensión mucho menos furiosa.
Dio
un paso atrás y frunció el ceño.
-¿No
vas a tomar la píldora?
-Exacto.
De modo que siempre tendremos el riesgo de que me quede embarazada si no
utilizamos otros métodos. Y te aseguro que si me quedara embarazada no sería capaz
de abortar, aunque no tengo nada en contra del aborto -añadió con firmeza-. De modo
que prefiero no arriesgarme contigo. Por suerte, la última vez no ocurrió nada.
-Tomé
mis precauciones.
-Lo
sé, pero en ocasiones ocurren accidentes.
Tom
se metió las manos en los bolsillos, silencioso y pensativo. Tener un hijo con Jane
podría ser un desastre, porque no podía marcharse de allí dejándola embarazada.
Imaginó
una pequeña niña de pelo rubio, grandes ojos azules y un precioso vestido. Podría
hacer fiestas de cumpleaños para ella, como hacía con Cherry cuando era pequeña.
0 tal vez tuvieran un niño, al que tanto él como Jane enseñarían a montar. Un hijo.
-Estás
muy callado -comentó ella.
-Sí.
-Lo
siento -dijo, mirándolo-, pero es mejor no empezar algo que no sabemos cómo va
a terminar. Yo soy la última persona del mundo que quiere verte atrapado.
Tom
mantuvo su mirada y acarició su labio inferior con dulzura.
-Marie
no quería tener hijos conmigo. Se quedó embarazada uña noche en que los dos
estábamos borrachos. Tomaba la píldora, pero se olvidaba de ella de vez en cuando.
De otro modo, Cherry no habría nacido.
-¿Cómo
es posible?
-¿Por
qué te extrañas? No quería tener hijos. Hay muchas personas que no
quieren
tenerlos.
-Lo
sé, pero ahora quiere a Cherry.
-Claro
que sí, y yo. Con todo mi corazón. El día que nació la tomé en brazos y lloré como
un niño. No podía creer que tuviera una hija.
La
emoción fue perfectamente perceptible en sus ojos durante unos segundos,
antes
de que se desvaneciera. Entonces se acercó a ella y la tomó por la cintura.
-Aunque
quisiera tener más hijos, que no quiero, tú no podrías tenerlos durante cierto
tiempo al menos. Como tú misma has dicho siempre habría un riesgo si no adoptamos
medidas. Y sin embargo, la otra noche no te importaron los riesgos –le recordó.
-Sí,
pero no pasó nada. ¡No pasó nada!
Su
tono lo sobresaltó. Parecía estar decepcionada.
Tom
estuvo en silencio un buen rato, escudriñándola.
-Jane,
¿querías quedarte embarazada?
Ella
se mordió el labio inferior y se apartó de él.
-Eso
no es asunto de nadie salvo de mí misma, y me alegro de que no te veas
obligado
a hacer algo que no quieres hacer.
-Puede
que sí, pero...
Ella
rió.
-No
te pongas tan serio. No pasa nada. Puedes volver a tu trabajo en Victoria y yo
haré una fortuna vendiendo ropa con mi nombre. A los dos nos irá bien.
-¿Te
casarás con Coltrain?
-No
lo amo -contestó-. Si lo amase, me casaría con él de inmediato.
-Hay
muchos matrimonios que han funcionado con mucho menos.
-Y
también los hay que fracasan con mucho más.
No
podía discutir tal argumento. La besó con suavidad y dijo:
-No
puedo dejar de desearte. Si cambias de opinión, sólo tienes que decirlo.
–No puedo, no puedo, Tom.
Se
alejó de él dejándolo solo. La deseaba y resultaba evidente, pero la odiaría si
ocurría un accidente. Sabía que en tal caso se casaría con ella, pero sería una
relación basada en un engaño y no estaba dispuesta a tenerlo de aquel modo.
El
viernes siguiente Tom llevó a Cherry a Victoria para pasar otro fin de semana con
su madre. Él se quedó en la ciudad para resolver unos cuantos asuntos de su trabajo
y para dejar de pensar en Jane aunque sólo fuera durante unas horas. El deseo
que sentía por ella se estaba convirtiendo en un verdadero problema.
Cherry
se despidió de él desde el elegante porche de su madre. La casa que
Marie
compartía con William era una preciosa mansión victoriana de color blanco, con una
bonita balaustrada y un impresionante jardín delantero. Tenía un hermoso aire clásico,
pero pertenecía a una mujer que estaba intentando labrarse un porvenir como diseñadora
de interiores en el sur de Texas.
-Tu
padre está un poco extraño -comentó Marie cuando entró su hija.
-Creo
que es por Jane -comentó la chica con una sonrisa-. Los pillé mientras se besaban,
y cuando digo que se estaban besando digo exactamente eso.
La
joven hizo un gesto con la mano que dejaba clara la intensidad de aquel beso.
-Tom
ha dicho muchas veces que no quiere casarse otra vez.
-Nunca
digas de este agua no beberé -murmuró Cherry con una sonrisa-. Jane ha estado
ayudándome a mejorar mi estilo. Dice que soy la viva imagen de la elegancia a caballo.
Ojalá fuera como ella. Es preciosa, y todo el mundo la conoce porque ha sido una
estrella del rodeo. Va a promocionar ropa tejana y la sacarán en televisión y
en las revistas. ¡Es tan excitante!
Marie
ya no sentía celos por las otras relaciones de Tom. Su matrimonio era
agua
pasada, pero ahora estaba celosa por su hija, que parecía estar volcando su lealtad
sobre una estrella del rodeo incapacitada y famosa. Y no le gustaba nada en absoluto.
-Pensé
que podíamos ir de compras mañana -dijo. Cherry quiso decir algo, pero suspiró.
-De
acuerdo.
-A
tu edad estoy segura de que te gustará la ropa -dijo Marie.
Estaba
deseando encontrar un punto en común de su hija, de modo que aprovechó que ambas
compartían el amor por la ropa.
-Y
me gusta. Sobre todo la ropa de rodeo. Pero me gustaría comprar algún libro sobre
caballos y medicina.
-¡Libros!
¡Qué pérdida de tiempo!
Cherry
arqueó una ceja.
-Mamá,
quiero ser cirujana.
Su
madre le dio un golpecito en el hombro.
-Querida,
eres muy joven. Cambiarás de opinión.
-Eso
no es lo que dice Jane, cuando se lo cuento.
Marie
la miró.
-Típico
de esa mujer -dijo con ironía-. Pero Jane no es tu madre, sino yo, de
modo
que no me lleves la contraria.
Cherry
prefirió dejarlo.
-Sí,
mamá.
-Vamos
a tomar un té. He tenido una mañana bastante dura.
Marie
recobró su actitud habitual. Cherry pensó que probablemente su mañana había
consistido en arreglar las flores, pero sonrió y no dijo nada al respecto.
Comparada
con Jane, una mujer activa que siempre estaba haciendo algo o leyendo algo, su
madre era tan pasiva como una muñeca. En su vida no había más intereses que asistir
a reuniones sociales o comprarse ropa.
Su
padre, al igual que Jane, era un hombre de mente activa que se alimentaba
constantemente
con todo tipo de lecturas. Cherry recordó que sus padres raramente estaban
juntos durante su infancia. A Marie no le gustaban ni los libros ni los
caballos ni los ordenadores. Cherry y Tom compartían todos aquellos intereses,
razón por la cual desarrollaron una fuerte complicidad en poco tiempo. Y ahora
Jane también los compartía. Se preguntó si su padre se habría dado cuenta.
Parecía muy atraído por Jane desde un punto de vista físico, pero no muy
dispuesto a llegar más lejos. Debía hacer algo para conseguir que Jane y él
hablaran en serio.
Recordó
el gesto de placer en el rostro de Jane cuando dijo que iba a Victoria
con
el doctor Coltrain. El médico podía convertirse en un temible enemigo para su padre,
de modo que tendría que encontrar algún modo para ayudarlo. Cuanto más pensaba
en la posibilidad de que Jane se convirtiera en su madrastra, más contenta estaba.
Marie
y William tenían una cita el sábado por la noche, de modo que decidió
llevar
a Cherry al rancho aquella misma tarde. Llamó por teléfono a Tom al despacho para
decirle lo que pensaba hacer, pero estaba en una reunión, de modo que su secretaria
tomó el recado y prometió dárselo.
Cuando
entraron en su Mercedes plateado, sonrió. Estaba dispuesta a hacer algo para
impedir que Jane siguiera teniendo tanto ascendente sobre su hija. Y creía
haber encontrado la forma de hacerlo.
-Jane
no sabe que tu padre es rico, ¿verdad?
-No,
claro que no -contestó la joven, defendiendo a su ídolo-. Ni siquiera sabe
que
es el dueño de una empresa de ordenadores. Papá sólo le ha dicho que trabaja
para una empresa de Victoria.
-Ya
veo. ¿Y por qué tantos subterfugios?
-Porque
siente pena por ella -contestó sin pensar.
No
se dio cuenta de que podía estar traicionando a su padre.
-Se
dañó la espalda en un accidente de circulación y apenas puede andar. El
rancho
tenía problemas y no encontraba a nadie que pudiera ayudarla a conseguir el dinero
que necesitaba, de modo que papá se ofreció. No podrías creer todo lo que ha hecho
por ella. Ha mejorado sustancialmente la propiedad, ha comprado caballos, ha conseguido
un contrato para una empresa textil, y todo en unas cuantas semanas. Le oí decir
que el rancho empezará a dar beneficios cuantiosos en cualquier momento.
-¿Y
de dónde ha sacado el dinero para hacer todos esos cambios? ¿Tiene dinero? -preguntó,
refiriéndose a Jane.
-Oh,
no, estaba arruinada. Papá fue al banco y avaló el crédito. Eso es todo, pero ella
no lo sabe.
Aquello
era una munición perfecta.
-Háblame
un poco más de Jane.
No
le costó nada convencer a su hija para que hablara sobre la mujer que tanto admiraba.
Durante el camino a Jacobsville contó a su madre todo lo que sabía. Marie ya
tenía suficientes cosas como para hundir a la estrella de los rodeos y recuperar
la lealtad de su hija.
-Me
gustaría que consideraras la posibilidad de pasar el resto del verano
conmigo
-dijo Marie en cuanto aparcaron frente a la casa-. Podríamos ir a Nassau, a Jamaica
o incluso a la Martinica.
-Me
gustaría mucho, pero tengo que practicar para participar en el rodeo de
agosto
-explicó-. Tengo que mejorar mucho más.
-¡Caballos!
Qué pasatiempo más sucio.
-Son
muy limpios, de hecho. Mira, ahí está Jane.
Marie
salió del coche y observó a la mujer que se aproximaba a ellos. Llevaba
vaqueros
y una camiseta rosa, con el pelo rubio recogido en una coleta y sin maquillaje alguno.
Sin embargo, era muy hermosa. Delgada y elegante, caminaba con mucha gracia a
pesar del accidente. Era dos veces más atractiva que Marie, que siendo diez
años mayor que ella no encontró difícil entender el motivo por el que tanto la
apreciaban
Tom
y su hija. La odió de inmediato.
-Jane,
te presento a mi madre. Mamá, esta es Jane -dijo Cherry.
-He
oído hablar mucho de usted -dijo Marie con simpatía-. Me alegro mucho de poder
conocerla al fin.
-Tutéame,
por favor -dijo con suavidad.
Cherry
pasó un brazo por detrás del cuerpo de Jane.
Marie
se quedó helada, porque nunca hacía lo mismo con ella.
-Te
he echado de menos -continuó Jane.
-Yo
también a ti.
-¿Te
gustaría tomar un té, Marie?
-Oh,
me encantaría -contestó con cierta formalidad.
Jane
sonrió.
-Bueno,
me refería a un té helado, por supuesto. -Magnífico.
-Entonces,
entremos en la casa.
Jane
las llevó hacia el espacioso salón. Marie pensó de inmediato en cien formas posibles
de mejorar la decoración interior, pero no dijo nada. Quería ganarse la confianza
de Jane, y criticar su gusto en decoración no serviría a sus propósitos.
-¿Puedes
pedir a Meg que traiga té helado y galletas en una bandeja? –preguntó a Cherry.
-¡Por
supuesto! Vuelvo enseguida.
Cherry
se marchó y Marie aceptó el ofrecimiento de sentarse en un cómodo y
desvencijado
sofá.
-Bueno,
no eres en modo alguno como esperaba -comentó Marie con una sonrisa-. Cuando mi
marido... perdón, mi ex marido. Cuando mi ex marido me dijo que iba a aceptar
un pequeño trabajo en Jacobsville para ayudar a una pobre mujer discapacitada
pensé que se refería a una ancianita.
Capítulo
Nueve
Al
principio Jane pensó que la había oído mal, pero cuando se inclinó hacia
delante
y miró a la madre de Cherry comprendió que había oído perfectamente bien.
-No
estoy discapacitada -dijo con orgullo-. Temporalmente inmovilizada, pero no es
algo permanente en modo alguno.
-Oh,
lo siento, debo haber comprendido mal. Pero no importa. Sea cual sea tu
problema,
Tom siente pena por ti. Siempre ha sido un sentimental con esas cosas. Sorprendente,
¿no te parece? -añadió, observándola como si fuera una simple marioneta-. Es
curioso que un multimillonario, el presidente de una compañía multinacional,
sacrifique sus vacaciones para salvar a un pequeño rancho de la quiebra.
Jane
no se movió, no respiró, no parpadeó. Se quedó mirando a Marie sin saber qué
decir.
-Cómo?
Marie
arqueó sus finas cejas.
-¿No
lo sabías? -rió encantada-. ¡Increíble! No sé en cuántas portadas de
revistas
de negocios ha salido. Aunque supongo que no leerás ese tipo de publicaciones, ¿verdad?
Posó
la vista sobre el último número de una revista de caballos, que estaba sobre la
mesa.
-No,
no leo revistas de negocios -admitió, llevándose la mano a la garganta como si
no pudiera respirar.
-Tom
ha debido divertirse mucho haciéndose pasar por un simple contable –dijo Marie,
echándose hacia atrás en el sofá con elegancia-. ¡Qué interesante en él! Vivir así
y hasta viajar en ese destartalado coche que ha alquilado. Me imagino que
obligará al chófer a sacar el Ferrari y el Rolls del garaje una vez a la semana
para que no se estropeen.
Rolls.
Ferrari. Multimillonario. Jane oía aquellas palabras con una profunda
sensación
de irrealidad.
-Pero
si lleva mis libros de cuentas -dijo, intentando desesperadamente
aferrarse
a lo que le habían dicho.
-Es
un genio en cuestiones económicas, es cierto -espetó Marie-. Un verdadero genio
de las matemáticas, y todo sin haber estudiado en la universidad. Hay quien
dice que es un don que tiene.
-Pero,
¿por qué? -preguntó asombrada-. ¿Por qué no me ha dicho la verdad?
-Supongo
que tuvo miedo de que te enamoraras de su cuenta bancaria -dijo
Marie
con una mirada calculada-. Muchas mujeres lo hacen, y tú no tenías mucho dinero.
No sólo no lo tenías sino que además habías sufrido un accidente. En su
opinión, cabía la posibilidad de que te fijaras en él sólo por el dinero.
El
rostro de Jane palideció. Se levantó lentamente.
-Puedo
encargarme de todo yo sola -dijo con frialdad-. No necesito que nadie me ayude,
ni necesito la piedad de nadie.
-Bueno,
claro que no -dijo Marie-. Estoy segura de que Tom te habría contado la verdad
más tarde o más temprano.
Jáne
apretó los puños.
El
sonido de unos pasos llamó la atención de Marie.
-Meg
dice que enseguida traerá el …Jane! ¿Qué te ocurre? -preguntó Cherry al entrar
en la habitación, preocupada-. ¡Parece que hayas visto un fantasma!
-Sí,
estás muy pálida -dijo Marie, mirando con preocupación a su hija.
No
había calculado las consecuencias de su acción. Cherry la miraba con frialdad creciente.
-¿Qué
has hecho, madre?
Marie
se levantó y unió ambas manos ante ella.
-Decirle
la verdad -contestó a la defensiva-. En cualquier caso, lo habría
averiguado.
-¿La
verdad sobre papá? -preguntó.
Al
ver que Marie asentía, la joven miró a Jane, cuyo dolor era más que palpable.
Marie
cada vez se sentía menos segura. Los ojos de Cherry eran tan hostiles
como
los de Jane.
-Supongo
que será mejor que me marche.
-Creo
que sería una buena idea, madre -dijo Cherry con voz helada-. Desaparece antes
de que regrese papá.
Aquélla
era otra complicación que Marie no había considerado. Se humedeció el labio
inferior.
-No
pretendía...
-Márchate
-dijo Jane.
-Y
cuanto antes mejor -añadió la joven.
-¡No
me hables así! ¡Soy tu madre!
-Me
avergüenzo de ello. ¡Nunca me había sentido tan avergonzada en toda mi
vida!
Marie
gimió sin querer, y sus pálidos ojos se llenaron de lágrimas.
-Yo
sólo quería...
Cherry
le dio la espalda y Marie dudó durante unos segundos antes de recoger su bolso
y caminar hacia la salida. Cuando llegó a su Mercedes lloraba
desconsoladamente.
En
el interior de la casa, Jane intentaba controlar su rabia. Se sentó de nuevo,
consciente
de la mirada preocupada de Cherry.
-¿Es
cierto lo que ha dicho? ¿Es cierto que tu padre es el dueño de una empresa de
ordenadores, que tiene un Ferrari y un Rolls y que está pasando sus vacaciones
en el rancho porque le doy pena? -preguntó.
Cherry
gimió.
-En
parte es cierto, pero no tal y como lo has dicho tú. Mi madre tiene celos
porque
hablo mucho contigo y supongo que la he herido cuando se ha dado cuenta de lo poco
que tenemos en común. Es culpa mía. Oh, Jane...
Jane
respiró profundamente y se cruzó de brazos.
-Siempre
me pregunté por qué trabajaría para otra persona con el talento que
tiene.
¡He sido una idiota! ¡Ha jugado conmigo como si fuera una muñeca!
-No
quería hacerte daño. Jane, sólo pretendía ayudar. Pero después, cuando
llevaba
cierto tiempo aquí, ya no supo cómo decírtelo. Estoy segura de que ésa es la razón
por la que ha callado. Le importas demasiado.
Jane
recordó que le había declarado su amor, pero por otra parte no se
ocultaban
secretos a las personas amadas. Había mentido por omisión. Había permitido que
se enamorara de él aunque sabía que no tenían futuro. Con un simple contable
tal vez habría tenido una oportunidad, pero un multimillonario y poderoso
hombre de negocios nunca querría estar con una chica de campo del sur de Texas
sin estudios ni habilidades sociales. No sabría qué hacer en una fiesta de
altura. Ni siquiera sabía qué
cubiertos
debía utilizar. Era una ranchera. Cerró los ojos, y al hacerlo la realidad se cerró
sobre ella.
-Dime
algo -rogó la joven.
Jane
no podía hacerlo. Estiró las piernas con fuerza. Tom se presentaría en
cualquier
momento y tendría que vérselas con él, pero no sabía cómo iba a ser capaz de hacerlo
después de haber descubierto la verdad.
Entonces
se le ocurrió la solución. Copper. Podía invitar a Copper a cenar y jugar un
poco con él advirtiéndole antes cuáles eran sus intenciones. Conseguiría
convencer a Tom de que todo había sido un error y de que en realidad no lo
amaba.
-No
quiero que tu padre sepa que tu madre me ha dicho la verdad -dijo después de
unos segundos, mirándola con sus ojos azules-. Hablaré con él más tarde.
-Mi
madre no lo ha hecho con tan mala intención, de verdad -dijo Cherry en su
defensa-.
Sólo estaba celosa. Es curioso, porque en realidad ni siquiera sabe cómo hablar
conmigo. No es como tú. Por favor, no me odies por esto, Jane.
-¡Cherry!
-dijo Jane, sinceramente afectada-. ¿Cómo crees que podría odiarte?
El
joven rostro se suavizó y sonrió.
-¿Seguimos
siendo amigas?
-Por
su puesto. Nada de lo que suceda cambiará eso.
-Oh,
gracias a Dios.
-De
todas formas no importa -continuó Jane sin mirarla directamente-, porque había
decidido que las cosas no pueden funcionar entre tu padre y yo. En realidad no es
el tipo de una ranchera.
Cherry
frunció el ceño.
-Pero
si procede de un rancho de Wyoming. Creció entre caballos y ganado.
-Pues
no pasa mucho tiempo con ellos ahora. Si es el presidente de una empresa, tiene
que moverse a cierta altura. No, no puedo.
Cherry
observaba que sus sueños iban desapareciendo uno a uno.
-Deberías
conocerlo un poco mejor antes de decidir una cosa así.
Jane
sonrió e hizo un movimiento negativo con la cabeza.
-No.
El doctor Coltrain y yo estuvimos hablando el otro día. Copper es como yo, es
de Jacobsville y su familia ha vivido aquí desde hace tanto tiempo como la mía.
Encajamos bien. De hecho, lo he invitado a cenar esta noche.
-No
me habías dicho nada.
-No
pensaba que fueras a estar aquí -dijo, de modo tan razonable que Cherry lo creyó-.
Por lo que sabía, tu padre iba a buscarte a Victoria mañana.
-Sí,
es cierto -admitió.
-Pero
puedes quedarte a cenar con nosotros -ofreció.
Esperaba
que Cherry se negara, y cuando lo hizo intentó no parecer demasiado aliviada.
También esperaba que Copper pudiera asistir cuando lo llamara, porque si no iba
a verse obligada a decir otra mentira para salvar la cara.
-Supongo
que cuando papá regrese iremos a comer algo a algún sitio, como
hacemos
muchas noches -dijo la joven con incomodidad.
-Muy
bien.
-Jane,
¿no lo quieres nada en absoluto? -preguntó.
-Me
gusta. Es un magnífico hombre y le debo mucho.
Cherry
se sintió enferma. Hizo un esfuerzo para sonreír y se excusó. Después se marchó
a la pequeña casa donde vivía con su padre.
Cuando
desapareció, Jane empezó a llorar. Había estado intentando controlarse durante
todo aquel tiempo, y estaba sollozando cuando Meg apareció con la bandeja de pasteles,
tarta y té, sonriente.
En
cuanto vio a Jane, su rostro se ensombreció.
-¿Se
ha marchado ya? ¿Qué demonios ha ocurrido?
Jane
intentó secarse las lágrimas.
-!Todo!
¡Ese maldito pirata! ¡Esa serpiente rubia de sangre fría!
-¿Tom?
¿Por qué estás enfadada con tu contable?
-No
es contable -contestó-. ¡Es el dueño de una empresa de ordenadores, un
multimillonario!
Meg
se sobresaltó, pero enseguida comenzó a reír.
-!Oh,
venga, no intentes tomarme el pelo!
-¡Es
cierto! ¡Tiene un Rolls en su casa!
Meg
dejó la bandeja a un lado.
-Eso
no es posible. Tom no es multimillonario.
-Lo
es -insistió-. Cherry no quería decirme que lo que su madre confesó era
cierto,
pero al final lo hizo. Su madre podía haberme mentido, pero sé que Cherry no lo
haría.
Meg
frunció el ceño, convencida.
-Si
es millonario, ¿por qué te está ayudando con el rancho?
-Porque
soy una pobre inválida -contestó con frialdad- y siente pena de mí. Está gastando
sus vacaciones para sacarme del lío. Ahora no me extraña que el banco me concediera
un crédito. Estoy segura de que lo avaló él. ¡Le debo todo, hasta mi alma!
Meg
se frotó las manos con nerviosismo.
-Jane,
no deberías enfadarte así. Espera hasta que regrese y puedas hablar con
él.
-¿Y
qué puedo decirle?
-Que
no sabías que...
-¿Y
qué hago ahora? ¿Decirle que sé que es rico y que nunca podrá estar seguro de
que no lo aprecio sólo por su dinero? Puede que piense que lo he sabido todo el
tiempo. Su mujer dice que ha aparecido en las portadas de muchas revistas de negocios.
Yo no las leo, pero él no tiene por qué saberlo.
-Ya
veo.
Jane
se levantó del sofá.
-Bueno,
voy a hacer algo para arreglarlo, con un poco de ayuda.
-¿De
quién?
-De
Copper, por supuesto. Tom ha dicho en alguna ocasión que él y yo parecemos formar
un buen equipo. ¿Por qué no habría de hacerlo? Copper dijo que se casaría conmigo
en cuanto yo quisiera.
-¡Ésa
no es razón para casarse! ¡Es vergonzoso que pretendas jugar con él!
¡Copper
se merece algo mejor!
-Por
supuesto que sí -dijo, mirando a su ama de llaves-. Será sólo una farsa. Voy a
pedir a un viejo amigo que me haga un favor, eso es todo.
Meg
se tranquilizó.
-Mientras
no le hagas daño...
-No
se lo haré.
No
añadió que ella ya estaba bastante dolida. Pero no estaba dispuesta a dejar
que
Tom se diera cuenta de ello. Iba a plantarle cara y a salvar su orgullo. Era lo
único que podía hacer para protegerse a aquellas alturas.
Tal
y como había adivinado, Copper no puso reparo alguno a asistir a aquella cena. Sin
embargo esperaba una llamada importante, así que acudió a la cita con su busca.
Se sentaron a la mesa temprano, para dar cuenta de una comida a base de pollo y
verduras. Jane se había puesto un vestido blanco y llevaba el pelo
inmaculadamente peinado hacia atrás y asegurado con peinetas del mismo color
que el vestido. Su aspecto era muy atractivo y elegante, excepto por la triste
expresión de sus ojos.
-¿Tanto
te importa que sea rico? -preguntó Copper cuando empezó a tomarse el café.
-Le
importa a él, si piensa que me siento atraída por el dinero.
-Estoy
seguro de que no habrá pensado nunca tal cosa.
-¿Cómo
puedes estar tan seguro?
-Porque
te ama, idiota -contestó con sequedad-. Estará furioso, pero no contigo. No
dudo que tendrá una conversación muy seria con su ex esposa.
-Puede
que le dé las gracias -comentó-. Al fin y al cabo estaba metido en un buen lío,
y no sabía cómo salir de él.
-En
cualquier caso, creo que le importas mucho.
-¿Y
cómo podría saber que no he sabido su secreto todo el tiempo?
Copper
asintió. Era una pregunta lógica, pero cuando dejó su servilleta sobre la mesa
sonreía.
-Porque
Cherry le habría contado lo sorprendida que estabas.
-Puede
que sea una buena actriz. La madre de Cherry dijo que muchas mujeres lo deseaban
sólo por su cuenta bancaria.
-¿Y
no crees que sabe muy bien la diferencia que existe entre una mujer que
desea
dinero y otra que ama?
-No
lo sé -contestó con sinceridad.
-Escucha...
La
puerta delantera se abrió en aquel instante y Tom entró en el salón sin
llamar.
Llevaba un traje gris de ejecutivo con camisa blanca y corbata negra, además de
unas botas de cuero hechas a mano y un reloj de oro con la esfera rodeada por
un aro de diamantes que habría cegado a un caballo. Por primera vez Jane lo vio
como lo que era, una figura cargada de poder y de dinero.
Cuando
la miró no sonrió, ni vaciló un instante.
-Cuando
mi secretaria me dio el mensaje cancelé la reunión en la que me
encontraba.
Estaba esperando a que me llamara Marie cuando regresó a su casa. Ya he escuchado
su versión, pero ahora me gustaría escuchar la tuya.
Copper
se aclaró la garganta, para que Tom supiera que estaba allí.
Tom
lo miró con sus fríos ojos cafeces.
-Ya
he reparado en el montaje de la cena -dijo al médico-. Pero sé muy bien a
cuento
de qué viene todo esto. ¿Lo sabes tú?
-Oh,
tengo una idea bastante aproximada --contestó-. ¿No habría sido más fácil que
dijeras la verdad desde el principio? ¿0 es que pretendías divertirte a
expensas de Jane?
Tom
rió y se metió las manos en los bolsillos, mirando a Jane con elegancia y
superioridad.
-¿Divertirme?
He cancelado negociaciones urgentes, he congelado contratos
internacionales
que había que cerrar cuanto antes, he evitado a los clientes que llamaban todos
los días... no, no me he divertido. He puesto en peligro mi vida por levantar
un rancho de caballos y salvarlo de la bancarrota para que al menos Jane tuviera
un techo sobre la cabeza. Lo hice porque deseaba hacerlo, pero cuando empezó la
farsa ya no pude encontrar un modo de decir la verdad.
-Debiste
habérmelo dicho -dijo ella.
-¿Qué
querías que te dijera? ¿Que lo sentía por ti, porque habías sufrido un
accidente
y a pesar de ello te resistías a rendirte? -preguntó-. ¿Qué no podía
soportar
que estuvieras a punto de perderlo todo por la ineptitud de tu anterior responsable?
No podía marcharme sin hacer nada.
-Bueno,
muchas gracias por todo -dijo ella, enfadada-. Pero ahora que ya lo has arreglado,
quiero seguir yo sola.
-Puedes
hacerlo. Tienes un contrato y un montón de caballos. Lo conseguirás. Lo habrías
conseguido de todas formas si Joe hubiera sido un poco más listo con las matemáticas.
Éste es un rancho de primera clase. Yo me he limitado a facilitar las cosas.
Has nacido ranchera, y tienes todo lo que hay que tener para triunfar, con la
ayuda de Joe y de Meg.
Aquello
la animó en cierta forma. Al menos no pensaba que fuera una idiota, pero la
distancia que existía entre ambos parecía haber crecido después de conocer la verdad.
-¿Y
tú?
-Yo
tengo mi propio negocio -contestó-. Cherry volverá al colegio dentro de poco tiempo
y tendremos que marcharnos de todas formas, aunque habíamos pensado hacerlo un
poco más tarde. Te debe mucho por lo que le has enseñado. Ahora tendrá una
oportunidad en los rodeos.
-Cherry
es mi amiga. Y espero que siempre lo sea.
-Cherry.
Pero yo no, ¿verdad?
Jane
lo miró.
-Te
agradezco lo que has hecho, pero supongo que ya habrás notado que
pertenecemos
a mundos diferentes -suspiró-. Yo no tengo nada que ver con el tuyo, ni tú con
el mío. En cierto modo es mejor que las cosas hayan salido así.
-Ni
siquiera quieres intentarlo.
-No
voy a hacerlo. Me gusta mi vida, tal y como es. Pero te agradezco mucho lo que
has hecho por mí. Te lo pagaré con creces.
Su
rostro se endureció.
-Nunca
lo he dudado. Además, sólo te avalé. No he puesto dinero en tu rancho.
-Gracias.
Tom
respiró profundamente y miró a Copper, porque no podía decir nada de lo que
quería decir teniendo espectadores delante.
-¿Me
marcho? -preguntó.
-No
lo hagas -contestó ella.
-¿Tienes
miedo de mí? -preguntó Tom con una sonrisa.
-No
tenemos nada más que decirnos. Excepto despedirnos.
-Vas
a hacer mucho daño a Cherry.
-Lo
sé, y lo siento. No quiero hacerle daño, pero creo que no me queda otro
remedio.
-Puede
que veamos las cosas de maneras diferentes. En todo caso, si dices a Joe que me
llame el lunes por la mañana, le explicaré todo lo que he estado haciendo. Necesitas
alguien que te lleve el rancho, a menos que quieras acabar en el mismo lío en el
que estabas cuando vine aquí.
-Lo
sé, y me ocuparé de ello.
-En
tal caso, buenas noches.
-Te
doy las gracias por todo -añadió ella. Tom la miró durante varios segundos.
-¿Por
todo? -preguntó en tono sensual.
Ella
se ruborizó. Parecía que era la reacción que él esperaba, porque rió con
frialdad,
hizo un gesto a Coltrain para despedirse y salió cerrando la puerta tras de sí.
Copper
la miró.
-Eres
idiota. ¿Es que lo único que te importa es el orgullo?
-De
momento sí -contestó con voz helada, haciendo un esfuerzo para no llorar-. Es
odioso, pedante, y...
-No
deberías haber forzado esta conversación con él. Deberías habértelo
pensado
un par de días -dijo con suavidad-. A veces uno se arrepiente de actuar con precipitación.
-¿Es
una opinión profesional? -preguntó enfadada.
-Profesional,
personal.., no hay mucha diferencia. Y vas a arrepentirse por no
haberle
dado la oportunidad de explicarse.
-Lo
he hecho -dijo con mirada inocente-. Y se ha explicado.
-Se
ha defendido, que es distinto. No ha tenido tiempo de hacer otra cosa.
Conmigo
delante, no ha tenido la oportunidad de discutir con claridad.
-Mejor
para todos.
-Si
quieres pasar el resto de tu vida sola puede que sí. Pero el dinero no lo es
todo.
-Cuando
no se tiene, sí.
-Escúchame,
porque es posible que ésta sea la última oportunidad que tengas. El también es
orgulloso y no volverá. Yo tampoco lo haría de estar en su lugar. No es de ese
tipo de hombres.
Ella
también lo sabía. Dejó la servilleta en la mesa y se levantó.
-Gracias
por haber venido esta noche. No creo que hubiera tenido la sangre fría suficiente
para enfrentarme a él de haber estado sola.
-¿Para
qué están los amigos? -preguntó, levantándose y tomándola cariñosamente por los
hombros-. Aún tienes tiempo. Puedes ir a su casa y arreglarlo todo.
-Ya
hemos terminado.
-No,
no es cierto. Te has quedado ahí sentada como una anfitriona educada, pero no
le has dado ninguna oportunidad.
-Puedo
ocuparme yo sola de mi vida, gracias.
-Si
eso es cierto, ¿qué hago yo aquí?
Ella
lo miró.
-Apoyarme
moralmente.
-Ya.
-En
fin, te agradezco mucho que vinieras en cuanto te lo pedí.
-No
tienes por qué agradecerlo. Espero que hagas lo mismo por mí si alguna vez me
encuentro en una situación parecida. Pero espero que sepas que lo único que has
conseguido ha sido posponer el problema. No has resuelto nada.
-He
salvado mi orgullo. Ahora se marchará a Victoria, seguirá llevando su
empresa
y yo me quedaré aquí criando caballos, ganando dinero y anunciando ropa.
-Estarás
sola.
Ella
lo miró durante unos segundos.
-No
es nada nuevo. Estaba sola cuando vino, pero la gente aprende a vivir en
soledad.
Tengo un techo sobre mi cabeza, libros en buen estado, un cuerpo que se recupera
poco a poco y un rancho que levantar. Todo lo que mi padre hubiera deseado.
-Tu
padre habría deseado verte feliz.
-Sí,
pero era realista -sonrió-. Tom no se casaría conmigo y lo sabes. No soy la típica
rica con la que se casan los hombres como él. Mis modales son rústicos, no me pongo
los vestidos apropiados y ni siquiera sé qué cubiertos usar.
-Esas
cosas se aprenden. Eres preciosa, elegante y tienes talento y encanto.
Ninguna
mujer de buena familia lo haría mejor.
-Eres
un príncipe -sonrió.
Coltrain
suspiró y miró su reloj.
-Basta
ya de charla, tengo que volver al hospital. Llámame si me necesitas,
aunque
espero que reconsideres tu posición. No eres perfecta, de modo que, ¿por qué esperas
que los demás lo sean?
-Yo
nunca le he mentido -contestó-. De hecho, no creo que haya mentido en toda mi
vida.
-Le
has dejado pensar que tú y yo estamos enamorados. Eso es mentir.
-Sólo
es una simple deducción que él habrá hecho. Nada serio.
-Ya
veo, lo recordaré. En fin, estaremos en contacto -dijo, besándola en la
mejilla
con suavidad-. Intenta no preocuparte demasiado.
-Lo
intentaré.
Jane
lo observó mientras se marchaba. La casa quedó más vacía que nunca, y
cuando
pocos minutos después escuchó que la puerta de un coche se cerraba, el mundo pareció
cerrarse sobre ella. Corrió las cortinas justo a tiempo para ver que Tom y Cherry
volvían a su casa, desapareciendo en el recodo del camino por última vez. La casita
que habían ocupado ahora estaba silenciosa y oscura, como el frío espacio de su
propio corazón.
Capítulo
Diez FINAL
Sin
Tom ni Cherry la vida se hizo aburrida y tediosa, pero el rancho prosperaba.
Jane
era una organizadora nata. Descubrió talentos que jamás habría soñado que tuviera,
porque su padre siempre se había hecho cargo de los asuntos del rancho.
Ahora
llamaba a los proveedores, establecía contactos, ponía anuncios en revistas y periódicos,
enviaba faxes y contrataba los servicios de agencias de publicidad para encargarles
que hicieran sus catálogos. Empezaba a ser algo muy natural en ella, y hasta Joe
estaba sorprendido.
La
licencia de la ropa también funcionaba bien. En cuanto salió el primer anuncio en
la televisión las ventas aumentaron de forma espectacular. Los anuncios
ayudaron mucho a que su nombre fuera en poco tiempo conocido por la opinión
pública, y con el dinero obtenido con los anuncios pudo financiar el desarrollo
del rancho. De repente, su mundo era muy distinto. A pesar de que no le gustaba
verse en los medios de comunicación, debía admitir que empezaba a gustarle el
mundo de los negocios.
Pero
era una vida muy solitaria. No podía montar. Lo había intentado una vez y acabó
en cama varios días con un tremendo dolor de espalda. Leía los libros de contabilidad
que había llevado Tom y los estudiaba intentando averiguar cómo había llegado a
ciertas conclusiones. No tenía su talento, pero era rápida y comprendía pronto
lo esencial. Era una buena vida, aunque solitaria. Se preguntó si Tom se habría
alegrado de desaparecer de su vida.
De
hecho, alguno de los trabajadores de Tom habría deseado que no volviera a la
empresa. Desde su regreso a Victoria, no estaba contento con nada. Los
escritorios de la sección de administración estaban desordenados; los nuevos
productos desarrollados no le gustaban; se quejaba de que la gente dejaba los
disquetes en cualquier parte, incluso junto a una taza de café; decía que el
departamento de ventas no trabajaba suficientemente en los nuevos programas. Y
hasta su secretaria, la altamente estimada señorita Emory, sufrió una buena
reprimenda porque no pudo encontrar un archivo en su ordenador.
En
casa, las cosas no funcionaban mejor. Cherry no dejaba de soportar críticas por
la ropa que quería llevar al comienzo del nuevo curso escolar, por su falta de interés
académico, y porque decía que iba a acabar en la cárcel sólo por ver los episodios
de una popular serie de dibujos animados algo sarcástica. De hecho, la primera
vez que Tom vio uno de los episodios llamó al canal de televisión por cable para
eliminar su suscripción.
Cherry
podía soportar las diferencias, porque al fin y al cabo entendía que
pertenecían
a generaciones muy distintas. Pero cuando canceló la suscripción de la revista
de caballos que leía, sólo porque había publicado un artículo sobre Jane, supo que
había llegado demasiado lejos.
-Papá
-dijo, la misma semana en que debía asistir al rodeo de Victoria-. ¿No
crees
que te estás comportando de forma extraña últimamente?
Tom
levantó la mirada del ejemplar del Wall Street Journal que estaba leyendo.
-¿Extraña?
-Sí,
reaccionas mal con todo. Ya sabes -dijo, aclarándose la garganta-.
Sinceramente,
papá, la señorita Emory soltó cierto taco que estoy segura que no había dicho
en toda su vida cuando la recriminaste por la carta que había escrito esta
misma semana. Y eso no es nada comparado con lo que Chris dijo cuando le
dijiste que el nuevo programa no sirve para nada.
Tom
bajó el periódico.
-¿Es
culpa mía que todo el mundo se haya vuelto incompetente? Tengo derecho a esperar
que mis empleados trabajen bien. Y en cuanto a que cancelara la suscripción a la
revista y a la cadena de televisión...
-Jane
salía en esa revista, en un artículo con fotografías y en otra página que le dedicaban
íntegramente. ¿No te gustó?
-Ni
siquiera me di cuenta.
-¿De
verdad? -preguntó-. Entonces, ¿por qué descubrí la revista en tu escritorio, abierta
por esa página?
-¿No
tienes deberes que hacer? -preguntó, pasando las páginas de forma
ruidosa.
-Papá,
el colegio aún no ha empezado.
-¿No?
Ella
se levantó de la silla.
-Podrías
llamarla.
-¡Llamarla!
-exclamó, dejando el periódico a un lado, con ojos brillantes por la
rabia-.
¡Llamarla! ¡Ni siquiera me escucharía! Me dio un discurso absolutamente idiota sobre
nuestros dos mundos y... ¿pero de qué te ríes?
-De
tu manera de hablar -contestó la joven, riendo de buena gana.
-De
todas formas, no cambies ahora de conversación -espetó su padre.
-Podrías
haber intentado que cambiara de opinión.
-¿Para
qué? -murmuró-. Quiere casarse, o quería hasta que descubrió quién soy.
Cherry
sonrió.
-Eso
me parecería bien. La ropa buena le sienta muy bien, y estoy segura de que sería
una excelente madrastra.
-Ya
tienes una madre.
-Pero
no nos hablamos. ¿No lo has notado? -preguntó con frialdad-. Hizo daño a Jane.
Tom
evitó su mirada.
-Sí,
y no creas que pretendo defenderla por lo que hizo, pero según creo está
embarazada,
y cuando te llevó al rancho no se encontraba muy bien.
-Puede
que otro hijo la haga feliz.
-¡Ja!
-Bueno,
mantendrá ocupada su mente -continuó-. Pero ¿qué hay de Jane?
-Va
a casarse con el médico para tener pequeños doctorcitos, según tengo
entendido -murmuró.
-No
lo creo. Está loca por ti. Y tú estás loco por ella, aunque no quieras
admitirlo. Prefieres quedarte aquí y molestar a todos los que trabajan contigo
para que no tengan más remedio que soltar tacos o emborracharse los fines de
semana.
-¡No
es cierto!
-Chris
lo hizo después de que le criticaras el programa -le comunicó-. Y dijo que se
marchaba a vivir a California para desarrollar un nuevo programa de realidad
virtual para empleados que sirviera para hacer la vida imposible a sus jefes,
arrojándoles piedras.
-Vaya.
Supongo que tendré que aumentarle el sueldo. Conseguiría hacer avanzar veinte
años la realidad virtual.
Ella
rió.
-Pero,
¿qué hay de Jane?
-¡Deja
de preguntar lo mismo!
-Apuesto
que se pasa todas las noches llorando, pensando que no es
suficientemente
buena para ti.
-¿Cómo?
-preguntó muy serio.
-Bueno,
eso es lo que piensa. Cuando mamá le dijo que eras el dueño de una
compañía
y que tenías mucho dinero, palideció. La hizo sentirse mal por ser una simple ranchera,
por no leer revistas intelectuales y por no ser de buena familia.
-¡Cómo
se atrevió! -exclamó con frialdad-. Jane es de bastante mejor familia que tu
madre.
-Pero
nadie se lo ha dicho a ella. Su autoestima está muy baja.
-Deja
de hablar como un psicólogo.
-Merry
va a estudiar psicología. Y dice que mi autoestima es muy buena.
-Me
alegro por ella.
-De
todas formas, Jane sólo tiene el bachiller superior.
-Y
yo.
-Pero
no se siente cómoda estando con gente de la alta sociedad...
-Sabes
de sobra que odio esas fiestas -mumuró.
-Dice
que probablemente no quieres que alguien como ella entre en tu vida por esa
razón.
-¡Cuántas
ideas subnormales, idiotas y tontas! Es preciosa, ¿es que no se ha dado cuenta?
Preciosa, amable, cálida y encantadora -dijo, con voz cada vez más suave por los
recuerdos que le traía-. Es todo lo que una mujer debería ser.
-Estoy
segura de que el doctor lo sabe -dijo Cherry con una mirada calculadora-. De
hecho, no me sorprendería que se casara con él sólo como venganza. Él le
ofrecería la luna. Está loco por ella.
Sus
ojos se entrecerraron.
-Pero
ella no lo ama.
-Muchas
personas se casan sin amarse. Es un buen médico. Puede darle todo lo que desee,
y siempre han sido buenos amigos. Seguro que harían una buena pareja.
-¡Cherry!
-Bueno,
papá, no deberían molestarte -espetó-. Al fin y al cabo no quieres
casarte
con ella.
-¿Cómo
que no?
Cherry
arqueó las cejas.
-¿Te
quieres casar con ella?
Tom
dudó, empezó a negar su impulsivo arrebato y después se dejó caer en el
sillón,
con un suspiro.
-Claro
que sí. Pero es demasiado tarde. Al principio no fui sincero con ella. He cometido
tantos errores que dudo que esté dispuesta a volver a dirigirme la palabra.
-Si
te ama, lo hará.
-Seguro.
En cuanto la llame por teléfono, me colgará. Si se entera de que voy a su
rancho, se marchará ella. El tiempo que he pasado en su compañía me ha hecho aprender
cómo son sus reacciones.
Cherry
meditó sobre aquello. Su padre tenía razón. Jane se comportaba como un animal
herido, y hacía todo lo posible por evitar que le dieran más golpes. Entonces tuvo
una idea.
-El
rodeo -dijo-. Voy a competir en el rodeo, y Jane lo sabe. ¿De verdad crees
que
podrá resistirse a ver qué tal lo hago después de todo el tiempo que ha invertido
en enseñarme?
Tom
apretó los labios.
-No.
Pero se disfrazará.
-Probablemente.
-Y
se sentará tan escondida como pueda.
-Sin
duda -Cherry sonrió-. Puedes pedir a Chris que se siente entre el público, en la
última fila de gradas, y que la busque.
-Me
mandaría al cuerno.
-No
si le concedes ese aumento de sueldo.
-Lo
que no haga por ti...
-Y
seremos felices y comeremos perdices. Después de que te arrastres ante
Jane
y la convenzas de que quieres estar con ella.
-No
voy a arrastrarme.
-Llámalo
como quieras.
-¿Qué
te has creído?
Cherry
lo dejó protestando y se fue a casa de Merry para ver la televisión.
El
día del rodeo de Victoria, Jane comió con Joe y Meg. Como de costumbre,
mientras
estuvo sentada a la mesa se dedicó a juguetear con su comida, y no habló más de
lo necesario.
-¿Vas
a ir a Victoria para ver competir a Cherry? -preguntó Joe.
-No.
Él estará allí.
-Por
supuesto. Es su padre.
Jane
mordisqueó un trozo de zanahoria antes de responder.
-Me
gustaría ver a Cherry. Pero no quiero encontrarme con Tom.
-Podrías
ponerte un sombrero y unas gafas oscuras -aconsejó Meg-. Y un vestido. Nunca te
pones vestidos. No te reconocerá, sobre todo si te sientas en una de las últimas
filas. Él estará delante, para ver a Cherry de cerca.
Jane
pensó en ello. Meg tenía razón. Tom estaría delante. Se metió el trozo de zanahoria
en la boca y lo masticó.
-Supongo
que podría hacerlo. Habrá mucha gente. De todas formas, dudo que
vuelva
la cabeza para intentar localizarme.
-Por
supuesto que... -empezó a decir Joe.
Meg
le dio una patada por debajo de la mesa para hacerlo callar.
-Por
supuesto que no -dijo Joe.
Jane
lo miró, y después miró a Meg.
-¿Se
puede saber qué tramáis?
-Absolutamente
nada -contestó Meg-. Pero nos gustaría averiguar qué tal queda Cherry en la
competición. La hemos visto entrenar día tras día.
Aquello
podía explicar su interés.
-Supongo
que podría ir al rodeo juvenil, si Joe me lleva.
-Claro
que te llevaré. Meg puede venir también.
-Me
encantaría -dijo Meg.
Jane
no llegó a ver el alivio en el rostro de su ama de llaves.
-Entonces,
será mejor que salgamos ya -dijo Jane, mirando el reloj-. El camino no es muy
corto, y es posible que haya atasco.
Se
puso un sencillo vestido de verano verde y blanco, y una chaqueta de lana
blanca.
Recogió su cabello rubio en un moño y se cubrió la cabeza con un pañuelo.
Después
ocultó sus ojos con unas gafas oscuras.
Meg
pasó junto a la puerta y la miró.
-¿Qué
te parece? -preguntó Jane, volviéndose hacia ella.
-Perfecto
-le aseguró Meg.
Jane
contempló su reflejo, y llegó a la conclusión de que nadie sería capaz de
reconocerla.
Tal
vez no hubiera confiado tanto si hubiera oído a Meg hablar por teléfono
desde
su habitación, describiendo a Cherry con todo detalle la indumentaria de Jane, tal
y como habían acordado.
-Me
siento culpable -dijo Meg.
-No
te preocupes -dijo Cherry-. Nuestra causa es buena. Piensa en lo mal que lo van
a seguir pasando Jane y mi padre si no hacemos algo por evitarlo.
-Jane
ha adelgazado bastante.
-Mi
padre también ha adelgazado, y además ha perdido empleados -murmuró
Cherry
con sequedad-. Si sigue así, la gente de su departamento de desarrollo lo va a meter
en un ordenador y lo va a facturar con un cargamento. Esto tiene que funcionar.
Nos veremos esta tarde.
-Mucha
suerte, cariño -dijo Meg con afecto.
-Gracias.
La necesitaré. Pero con saber que vais a estar viéndome me sentiré
mejor.
-Estaremos
los tres. No te preocupes.
Meg
colgó y fue al recibidor, al encuentro de Jane.
-Qué
distinta estás -comentó.
-Me
siento distinta. Ahora, lo único que tengo que hacer es sentarme bastante lejos
de la arena, para que nadie pueda reconocerme.
-Ni
tu propio padre, que en paz descanse, sería capaz de reconocerte -dijo Meg con
sequedad.
-Espero
que Tom no me vea -dijo Jane, ajustándose el pañuelo-. No me apetece volver a
discutir con él. Pero no puedo perderme la actuación de Cherry. Espero que gane.
-Nosotros
también -convino Joe.
Fueron
a Victoria en la camioneta. A Jane le resultaba mucho más cómodo viajar, ya que
cada vez tenía mejor la espalda. Ahora le dolía sólo cuando hacía tonterías, como
intentar galopar a lomos de un caballo.
Había
resultado muy duro para ella darse cuenta de que no podría volver a
participar
en un rodeo, pero empezaba a aceptarlo. Lo que no le resultaba tan fácil era sobreponerse
al dolor que había supuesto para ella la pérdida de Tom. No transcurría un día
sin que lo echara de menos.
Pero
estaba segura de que él no sentiría lo mismo. Un hombre de tal riqueza y estatus
social no querría estar con una simple ranchera de Texas, cuando podía casarse
con una actriz famosa, con una modelo o con una alta ejecutiva. Después de haber
visto a Marie, tan capaz de llevar su propio negocio, tenía una idea aproximada
del tipo de mujer que le gustaba. Y ella no cuadraba.
Sabía
que su ex mujer le había dicho la verdad. Había aceptado el trabajo en el rancho
porque sentía pena por ella. Y se lo agradecía, pero no necesitaba la piedad de
nadie. Lo mejor que podía hacer era apartarse de su camino y no estropear la
gran noche de Cherry.
Sabía
que su hija sería la primera en sufrir si tenían otra disputa, y pensó que ya había
sufrido bastante.
Sin
embargo la joven le había enviado una carta, y ella contestó. Seguían siendo
amigas, pero Tom complicaba aquella relación. Jane estaba casi segura de que no
aprobaba la relación que mantenía con su hija, y desde luego no le cabían dudas
en lo relativo a la opinión de Marie.
Cuando
llegaron al rodeo el aparcamiento estaba casi lleno. Las luces brillaban contra
el cielo oscuro y la ceremonia de apertura ya había comenzado.
Compraron
sus entradas y Jane avanzó hacia la parte superior de las gradas,
dejando
a Joe y a Meg abajo. Se sentó alejada del resto de la gente, pero notó que un joven
la estaba mirando. Pensó que si se atrevía a decirle algo lo tiraría por la
grada, de modo que sería mejor que no lo hiciera.
Se
sentó. La chaqueta que había tomado le vino bien, porque la noche era algo
fresca.
Suspiró e intentó pensar en las personas que se habían reunido, pero en realidad
no podía quitarse al hombre que amaba de la cabeza. Su corazón se aceleró pensando
que se encontraba allí mismo, en algún lugar. Estaba muy cerca de él aunque no
lo supiera, y la sensación le gustaba.
Poco
a poco fueron pasando los participantes, prueba tras prueba, hasta que al
fin
el ultimo de los hombres terminó su actuación y se entregaron los premios. Por
fin, llegaba la competición en la que iba a participar su pupila.
Cherry
era la cuarta participante. Jane se acomodó en su asiento, con cierta
tristeza
porque nunca podría volver a competir. Pero su corazón se aceleró de todas formas
en cuando vio a la joven salir a la arena, y observó su recorrido. Cherry
recibió una gran cantidad de aplausos, y Jane sintió que los ojos se le
llenaban de lágrimas en la certeza de que aquella noche nadie iba a superar a
la hija de Tom. El duro trabajo y la paciencia habían surtido efecto, y casi se
sentía como si estuviera en la silla con su protegida. Era una sensación
maravillosa. Estaba muy orgullosa de ella, casi como si fuera su propia madre.
No
le sorprendió que la declararan ganadora. La observó en la distancia cuando recogió
el premio acompañada por su orgulloso padre, que la abrazó.
Jane
lo miró con un profundo dolor en el corazón. Ella también había estado
entre
sus brazos y sabía bien lo que se sentía, algo muy diferente al amor filial que
compartían Cherry y él. Notaba un enorme vacío en su interior, como si fuera
una extraña mirando a una familia a la que nunca pertenecería.
Era
hora de marcharse. Se levantó y caminó con cuidado hacia los asientos donde se
encontraban Joe y Meg, pero no los encontró. Pensó que tal vez habían ido a felicitar
a la joven, algo que le habría encantado hacer a ella misma. Pero no podía estando
él tan cerca.
Con
un suspiro de tristeza se dirigió hacia el lugar donde había aparcado la
camioneta,
pero debió haber olvidado la posición exacta porque tampoco la encontró.
Mientras
se encontraba mirando a su alrededor entre los vehículos, buscando,
escuchó
un sonido y de repente se vio envuelta en un abrazo demasiado familiar. Sus ojos
encontraron los ojos cafes del hombre que amaba, mientras la llevaba hacia un
Ferrari.
-Quítate
esas malditas gafas -dijo él.
Ella
obedeció, asombrada, dejando ver sus preciosos ojos azules.
-Pero,
¿cómo ...?
-Cherry
ha montado una pequeña conspiración con Joe y Meg -explicó.
-¿Dónde
están?
-En
casa, esperándonos -contestó-. Pero tendrán que esperar mucho tiempo,
porque
ya hemos perdido demasiado.
-Eh,
espera un momento.
-Ya
he estado esperando de sobra -dijo, besándola.
Ella
se resistió, dispuesta a salvar su orgullo.
-Ríndete
-dijo él-. Bésame.
-No
puedo, no podemos, no deberíamos...
-Sí,
podemos y debemos. Funcionará -dijo entre risas-. Nos casaremos y
tendremos
más amazonas y tal vez incluso un pequeño vaquero o dos.
-Tú
no quieres casarte con alguien como yo.
-Sí
que quiero. Quiero casarme con alguien exactamente igual que tú, con una
mujer
de tan bello corazón como rostro y cuerpo, con una mujer que nos quiera a mi hija
y a mí. Te deseo, Jane. Siempre te amaré.
No
podía creer lo que estaba sucediendo. Lo miró y creyó ver en sus ojos un mar de
estrellas.
-Veo
muchos sueños en tus ojos -dijo él con suavidad-. Cásate conmigo y te
prometo
que se harán realidad.
-No
estoy educada...
-Ni
yo -dijo, besándola de forma apasionada antes de abrir la puerta.
-No
soy sofisticada.
-Ni
yo -espetó, dejando que entrara en el asiento del acompañante y colocándole el
cinturón.
-No
puedo soportar las fiestas de la alta sociedad.
-Ni
yo.
-Tom...
Arrancó
el motor del poderoso vehículo, dio la marcha atrás y salió del
aparcamiento
en dirección a campo abierto. Cuando metió la marcha apartó la mano un momento
y apretó las suyas con fuerza.
-He
estado muy solo. ¿Y tú?
-Más
que nunca -contestó.
-Quería
llamarte por teléfono o verte, pero sabía que no querrías escucharme.
Eres
tan orgullosa como yo.
-Es
triste, pero es cierto.
-Sin
embargo nos las arreglaremos para llevarnos bien la mayor parte del tiempo. Cuando
discutamos, lo arreglaremos después.
Ella
sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.
-Sí.
-Y
Cherry será la chica más feliz de su clase cuando comience el colegio en
Jacobsville.
-¿Vamos
a quedarnos aquí? -preguntó sobresaltada.
-Claro
que sí. Aún no hemos terminado con el rancho -dijo con ironía.
-Oh,
ya veo, así que se trataba de eso. Quieres mi rancho, maldito villano
-bromeó
entre risas.
-Sí,
lo quiero, porque si no me tuvieras acabarías otra vez en bancarrota. Te
olvidarías
de llamar a los proveedores, llevarías mal la contabilidad y hasta te
olvidarías
de pagar los impuestos.
-De
hecho, ya me han pasado todas esas cosas.
-Oh,
Dios mío.
-Estoy
segura de que lo arreglarás todo en poco tiempo -dijo, tomando nota de que
debía mirar los libros antes de que lo hiciera él-. Al fin y al cabo has
levantado una compañía de ordenadores tú solo.
-Fue
más fácil que salvar un rancho, considerándolo con calma. En mi negocio, la gente
hace lo que le digo que haga.
-Yo
también lo haré. A veces. -Precisamente eso era lo que temía. Ella cerró los ojos.
-Te gustará.
Tom
rió y la atrajo hacia sí.
-Por
supuesto que sí.
A
medio camino de casa, tomaron un polvoriento camino y aparcaron el coche bajo
los árboles. Apagó el motor y miró a Jane, a la que abrazó de inmediato.
Unos
cuantos minutos más tardes levantó la cabeza. Los ojos de Jane brillaban bajo
la tenue luz con gran emoción, como zafiros azules. Estaba abrazada a él, temblando
mientras le acariciaba los senos.
-Tenemos
que ir a casa -susurró él a regañadientes.
-¿Seguro?
-preguntó, besándolo con deseo.
Él
gimió, pero se apartó un milímetro de ella.
-En
realidad no, pero no creo que esto sea demasiado inteligente.
-¿Por
qué no?
Miró
por el retrovisor con ironía y le arregló un poco la ropa.
-Porque
no creo que los policías tengan mucho espíritu romántico.
-¿Cómo
...?
Las
luces que iluminaron el vehículo hicieron que Jane se sobresaltara. Un
hombre
alto se aproximó a la ventanilla del conductor.
Tom
bajó la ventanilla con resignación y sonrió al hombre uniformado.
-Lo
sé, es un lugar poco adecuado para lo que estamos haciendo. Pero nuestra
hija
y unos cuantos amigos nos están esperando en el salón de casa, y no conseguimos
tener intimidad en ningún sitio.
El
policía los miró, divertido.
-Sé
bien lo que quiere decir. Mi esposa y yo tenemos cuatro chicos y siempre
están
en casa. Estar con quinceañeros puede ser horrible de vez en cuando. No dejan nunca
los videojuegos y se pasan la vida comiendo pizza.
-Exacto.
-Pero
de todas formas este no es el lugar más...
-El
lugar más adecuado, ya lo sé -dijo con ironía-. De acuerdo, nos iremos a casa.
-Alquilen
una película -sugirió el policía-. Suele funcionar. Se quedarán pegados al televisor
y no les molestarán.
-Es
una buena idea. Gracias.
-Mi
esposa y yo llevamos veintiséis años casados -sonrió-. No podría creer la
cantidad
de cosas que hemos inventado para tener a los muchachos ocupados en algo. Que
tengan una buena noche.
Entonces
saludó llevándose la mano al ala del sombrero y regresó al coche
patrulla.
-Le
has hecho pensar que estamos casados -dijo ella.
-¿Por
qué no? Lo estaremos el fin de semana -dijo con suavidad-. Aunque no
puedo
esperar.
-Ni
yo.
Entonces,
deslizó su mano sobre la de Tom y él arrancó el coche
Pocos
días más tarde se casaron con Joe y Meg como testigos, y con Cherry
como
dama de honor. Fue una ceremonia tranquila en Jacobsville, a la que no asistió nadie
más. Después fueron a comer al mejor restaurante de la localidad y Tom y Jane se
marcharon a Jamaica para pasar una breve luna de miel antes de que comenzara la
escuela.
A
pesar de lo contentos que estaban, mantuvieron una actitud muy seria durante la
ceremonia. Pero en cuanto se instalaron en la lujosa suite del hotel Montego
Bay, con vistas a la bahía, Tom la tomó en brazos y la dejó sobre la cama,
uniéndose a ella antes de que tuviera tiempo de respirar.
-Oh,
pero deberíamos ir a ver... el mar -bromeó ella.
Tom
la besó de forma sensual.
-Deberíamos.
Sus
caricias empezaron a despertar en ella un profundo deseo, hasta que se
estremeció
al notar su mano bajo el elástico de sus braguitas.
-Quieres
que vayamos ahora? -preguntó él, en un susurro, mientras la besaba.
Jane
gimió y él rió con suavidad, moviendo los labios sobre sus senos.
-Eso
era lo que pensaba.
En
poco tiempo ambos estuvieron desnudos, abrazados el uno al otro llevados por el
deseo. La urgencia la empujó a buscar el momento crucial demasiado pronto, pero
incluso entonces Tom se comportó con absoluta ternura, llenándola de placer entre
gemidos tan excitados como los suyos.
La
besó mientras su mano la instaba a seguir el ritmo de su poderoso cuerpo.
Levantó
la cabeza para observar las reacciones de Jane de vez en cuando, y a
pesar
del brillo de sus ojos y de su acelerada respiración parecía controlar la
situación por completo. Jane se estremecía, aferrándose desesperadamente a él
mientras cientos de emociones aún nuevas para ella recorrían su cuerpo
elevándolo hasta cimas impensables de placer.
Se
arqueó violentamente y su mano se contrajo.
-Tranquila
-susurró-. Tenemos que tener cuidado con tu espalda.
-¿Tranquila?
Oh, Tom, ¡estoy muriéndome!
Empujó
de nuevo contra su cuerpo y siguió el ritmo del placer que había sentido segundos
antes.
-Vamos.
Tom
la guió, observándola hasta que estuvo seguro de su respuesta. Entonces sonrió
y le dio el éxtasis que tanto deseaba. Jane abrió los ojos de golpe y el estremecimiento
hizo que se moviera de forma convulsiva.
Notó
que los ojos se le llenaban de lágrimas. Había llegado a un punto que nunca había
creído que existiera. Y justo entonces, cuando empezaba a tranquilizarse, observó
que él reía y que gemía deshaciéndose en ella y haciendo posible su propia satisfacción.
Se
tumbó sobre ella, con el corazón latiendo a toda velocidad, y se puso de lado sin
dejar de abrazarla con los brazos y con una pierna que la atraía hacia sí.
-Cada
vez es mejor -susurró ella-. Creo que puede matarme.
Él
rió.
-Matarnos
a los dos.
-Te
estás riendo de mí -acusó.
Él
levantó su húmeda cabeza y la miró, sonriendo.
-Oh,
sí -dijo, acariciando su boca-. Moriré por el placer y la gloria de amar y ser amado
mientras hago el amor. Nunca me había sentido tan completo hasta ahora.
Ella
sonrió con timidez.
-Ni
yo. Aunque la primera vez ya me pareció magnífico.
Tom
la besó con suavidad.
-Tendremos
años y años de sexo, y niños, y retos que nos mantengan vivos. Y te amaré hasta
el día que me muera -añadió con fervor.
Ella
se apretó un poco más a él.
-¡Yo
también te amaré hasta entonces! -dijo, cerrando los ojos-. Te amaré para toda
la eternidad.
Tom
se inclinó sobre ella y la besó en la boca. La delicadeza pronto se convirtió en
deseo y una vez más ella se abrazó a él, igualmente excitada.
Más
tarde, mientras descansaba entre sus brazos y el sol de la mañana iluminaba la
cama, pensó que nunca había sido más feliz en toda su vida.
-¿Ya
estás cansada? -preguntó él cuando se estiró entre sus brazos-. ¡Tendré
que
alimentarte con más ostras!
-Yo
te echaré de comida a las ostras como no me dejes dormir -le amenazó,
acercándose
más-. Sé que habíamos llegado al acuerdo de intentar tener una familia cuanto
antes, pero me moriré de fatiga antes de que tengamos el primer hijo a este paso.
Tom
rió y la besó en la frente con suavidad.
-En
ese caso dormiremos un poco más. ¿Estás más contenta ahora? -murmuró.
-Más
de lo que nunca había soñado.
-¿Y
qué tal está tu espalda?
-Bien.
De hecho, yo diría que el sexo es terapéutico.
-Razón
de más para practicarlo al menos dos veces al día.
Ella
lo besó en uno de sus hombros desnudos.
-Más
tarde. No he dormido nada en dos días. No dejaba de pensar que tu ex
mujer
encontraría una forma de sabotear la ceremonia.
-No
lo habría creído posible -dijo con una amplia sonrisa-. Cherry la ha puesto en su
sitio. Creo que será una cirujana formidable cuando salga de la facultad.
Cualquier persona que sea capaz de hacer entrar en razón a Marie encontraría
fácil trabajar en un hospital.
Jane
sonrió.
-Al
menos ahora su madre y ella se llevan mejor.
-Oh,
Marie ha aprendido una lección, y de forma muy dura. Sabe que si no es
simpática
contigo perderá una hija. Ésa fue la razón por la que te pidió disculpas, y se está
comportando muy bien -comentó, estirándose-. Hasta se ha ofrecido para redecorar
la casa del rancho cuando haya tenido el niño.
-Pensaré
en ello.
-Tenía
la impresión de que ibas a decir precisamente eso. Marie lo dice en serio.
-Lo
sé. Te amo.
Él
sonrió.
-Te
amo.
La
atrajo hacia sí y tiró de la sábana para que los cubriera. En la distancia, el
sonido
de las olas era como una serenata acuática. Jane cerró los ojos y apoyó la
cabeza en el pecho de Tom. Y sus sueños fueron muy dulces.
Diana
Palmer - Serie Hombres de Texas 12 - Un hombre muy especial
FIN
HOLA!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS FINALES ... MAÑANA SUBO LA NUEVA ... HASTA LA PROXIMA :))
Suscribirse a:
Entradas (Atom)